HISTORIA DE "EL DON"

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Le decíamos Don no por respeto, sino porque nos recordaba a esos “capos de mafia” de países foráneos. Llegó a ser decano de facultad durante los años penosos  en que una accidental mayoría política eligió un presidente que encabezó una gestión gubernamental desastrosa para el país, la cual hacía temer también por el destino de la Universidad. Se necesitaba, por esto, darle el mando de las instituciones universitarias a personas de carácter fuerte y el Don era conocido por su temperamento fogoso, talvez ígneo, que lo llevó en más de una ocasión a abofetear a quien lo contradecía, cuando su adversario era físicamente inferior a él. Una vez también su temperamento incontrolable lo hizo  zanjar una disputa entre su amante y su esposa con salvas de balazos al aire. El lugar del tiroteo fue un parque universitario donde las esposas de los profesores en esos momentos celebraban un almuerzo de fraternidad… Pocos años después, en  los tiempos difíciles de obnubilación y temor los académicos olvidaron esos episodios y decidieron elegir como adalid a este “valiente” para que defendiera los valores universitarios amenazados por el gobierno abusivo.  

Durante el gobierno del presidente derrocado habíanse expropiado fundos y haciendas que se parceló y se entregó a los campesinos escogidos por ese gobierno. Cuando asumió el gobierno militar- restaurador devolvió algunos fundos a sus propietarios antiguos y también comenzó a vender parcelas de los demás fundos a interesados con capacidad de pagarlas al contado. El Don tuvo la genial idea de comprar todas las parcelas en que se había fraccionado un fundo y así reconstituirlo. Como tenía conexiones con personeros del gobierno en ejercicio consiguió facilidades máximas en los pagos  Aun así sin embargo, carecía de dinero para pagarlas… Decidió entonces echar mano a ingresos de la Facultad, en esos años una próspera empresa que producía y vendía a buen precio diversos productos. 

Tuvo un completo éxito: consiguió hurtar cientos de millones de las arcas de la Facultad. Compró y reconstituyo el fundo deseado y comenzó a trabajarlo y mejorarlo. Innecesario decirlo, con los dineros que seguía hurtando de la Facultad.

Sin embargo todo llega a su fin: un día fue informado que la Contraloría en una fecha determinada  iría a hacer un arqueo de los ingresos de la Facultad. Febrilmente trató de conseguir dinero entre sus amigos poderosos. Por desgracia para él la suma que precisaba era tan elevada que nadie quiso ayudarle y nada  pudo conseguir.

Concibió entonces una idea diabólica: El viernes en que sabía que iría el inspector a tomar cuentas, se presentó a las 14 horas donde  el Contador Jefe de la Facultad con quien tenía amistad y pequeños compadrazgos. Fingiendo consternación le contó que había dejado su chequera en casa y que esa tarde irían de la Contraloría a realizar su trámite fiscalizador. Como  no había traído su chequera le  pidió autoritariamente al contador que él de su cuenta hiciera uno a nombre de la Facultad por los millones faltantes de sus arcas. El contador le hizo presente que jamás había tenido una cantidad de dinero  ni siquiera remotamente parecida en su cuenta, ni en bienes, ni en ninguna parte... El Decano de Hierro insistió, amenazó y forzó al desdichado contador a extender ese cheque, con la solemne promesa -solamente oral- de depositar el lunes a las 9 de la mañana un cheque suyo por esa inmensa suma de dinero en la cuenta del contador… Pero no depositó el cheque prometido ni el lunes, ni nunca...

El Fisco siguió un juicio contra el contador que no tenía ni siquiera la menor prueba para su defensa, pues el precavido Don no le firmó comprobante alguno… El  juicio llegó a su fin y el infortunado funcionario fue condenado a pena aflictiva y a la consiguiente destrucción de su vida ciudadana y familiar.

Sin embargo, para retratar algo mejor la trayectoria de ese Don se debe relatar el desastre que por esos años con sus intrigas desencadenó en la Facultad y que al fin ocasionó que el gobierno restaurador lo hiciera salir a él de la Decanatura, cansado ya de pérdidas cuantiosas de dinero y de  sus denuncias calumniosas a funcionarios probos. Como Don era un intrigante hábil  tenía seguidores fieles que le informaban  de los diversos aconteceres. Entre esos devotos estaba una Asistente Social a la cual  llamábamos “mano negra” mujer  madura, maestra de la intriga y llena de amargura y despecho porque su marido la desechó por una mucama joven y agraciada.

A esta desdichada mujer, fiel informante del Don, se le presentó una oportunidad dorada cuando la esposa del funcionario J.M.G -un tipo  miserable por decir lo menos- fue a  contarle  que su esposo,  al cual ella había acusado ya  a la comisaria respectiva de cometer actos de pedofilia con sus propios hijos durante las  fiestas de baile, drogas y sexo -creo que en esa época las llamaban “partusas”- celebradas en su casa y a la cual invitaban a diversos académicos de la Facultad regida por el Don. Al conocer estas noticias “Mano negra” voló a informarle de la situación al Supremo y entre ambos elaboraron la intriga que tal vez le permitiría expulsar de sus dominios a los académicos que no gozaban de su confianza y algunos más que detestaba, especialmente a dos a quienes odiaba con todas las fuerzas de su maldad: ellos eran un destacado naturalista y un académico de fama, contratado en Europa por una Institución internacional.

La esposa consentidora en celebrar las reuniones íntimas de su marido en las que se practicaba hasta pedofilia, ahora arrepentida de su acción, dio el nombre de los diversos funcionarios asistentes a los festejos en su casa, además el nombre de otros que ella “había oído decir” que celebraban diversiones ilegales y lascivas de tipo homosexual en sus residencias y añadió a sus relatos diversos comentarios deshonrosos y por supuesto calumniosos para muchos funcionarios que asistían a tales festejos, todo lo cual sonó como música celestial en los oídos del Don y le posibilitó  elaborar una repugnante campaña en contra de quienes no le agradaban. 

Resultados: Algunos de los funcionarios acusados falsamente renunciaron a sus puestos, entre ellos este autor, por considerar que la Universidad era demasiado insegura y cualquier día, por cualquier motivo, se los podía despedir y perderlo todo, aunque un decano ladrón podía quedar impune de su delito y hacer encarcelar a un funcionario inocente que carecía de toda influencia para su defensa. Lo más lamentable fue que un académico muy apreciado y respetado por todos sus compañeros sufrió el repudio de su esposa, y vio deshacerse su hogar, falleció de un ataque cardíaco según el informe oficial, por su propia mano en la versión clandestina.

J.M.G. y su miserable cónyuge fueron a los tribunales, “Mano negra” atestiguó una mezcla de hechos verdaderos y hechos falsos a favor de la esposa.  

Antes de tres meses de haber estallado este escándalo la Rectoría, hastiada ya de las hazañas escandalosas del Don lo hizo salir de la Decanatura.

El Don disfrutó durante diez años de su fundo y de sus riquezas. A partir del año onceavo padeció de una neoplasia que cuatro años más tarde, cuando ya había cumplido 62 años puso fin a su carrera delictual y a su vida. Cuatro años después J.M.G. falleció de un glioma.

Dicen que “Mano negra”, ya longeva, ahora desprovista de todo poder aún  divaga y planea…